
Después de llevar a María (mi preciosa hija) al cole, parto hacia la estación de autobuses situada en el intercambiador de la avenida de América de Madrid. Nada más llegar al andén de donde salía el bus, oigo a mi espalda "¿Peregrino?". Al oír esa palabra, lógicamente me doy la vuelta y contesto: "Sí, tu también supongo."
Era el primer peregrino que conocía, tanto él como yo, incluso antes de comenzar a andar. Juan Carlos, un hondureño que había cruzado el charco para hacer el Camino. Eso si que es peregrinar, pensé yo.
Pasé todo el día con él hasta que nos separamos en Roncesvalles. Su destino inicial era Saint Jean Pied de Port. Una etapa antes que la mía, que era Roncesvalles. Nos despedimos como sí nos conociéramos de toda la vida (lo que hace a las personas por tener fines comunes).
Ya sólo, por la noche, me voy a cenar al restaurante de la posada y el camarero me sienta con tres personajes muy peculiares, tres personas a las que no conocía de nada (es la primera vez que comparto mesa en un restaurante español con desconocidos).
Los tres gallegos (en Roncesvalles, curioso). Los tres de un pueblecillo de por las islas Ciies (paradisíacas donde las haya. Si no la conocéis, os la recomiendo). Los tres con un montón de caminos a sus espaldas (los habían probado todos y algunos varias veces). Y lo más sorprendente, los tres con más de 70 años cada uno (lo que daría mi padre por estar aquí con ellos, pensé). No os podéis ni imaginar la de "batallitas" que se contaron en esa cena. Alucinante. Y aún no he empezado con mis andaduras. Esto promete.
Mañana más y mejor.
¡Buen camino a todos!
Anda!!!! pues nada buen camino y aqui estaremos leyendo tus batallitas que espero que sean muchas y muy gratificantes , besos
ResponderEliminarAlguna hay, breves pero alguna hay.
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